Pollo asado:  cómo conseguir la carne más jugosa

Pollo asado: cómo conseguir la carne más jugosa

La carne de pollo es considerada de gran valor nutricional y se digiere más fácilmente que las carnes rojas.  En general contiene el mismo porcentaje de proteínas que la carne de ternera. Es una carne baja en grasas y destaca su contenido en ácido fólico y vitamina B3, perfectos  para el buen funcionamiento de nuestro celebro. También presenta elevadas cantidades de hierro, zinc, fósforo y potasio. Estos son minerales fundamentales para los deportistas, ya que los convierten en una gran fuente de energía.

En el blog de hoy vamos hablar como elaborar un pollo asado al horno. Un plato fácil de elaborar, sabroso y económico.

Si el pollo es pequeño calentaremos el horno a 190° y si es grande a 180°. El secreto del buen asado está en la temperatura. Un pollo grande no se puede poner a fuego fuerte, ya que se doraría por fuera muy pronto, pero por dentro estaría crudo.

Carne al punto y sabrosa

Una vez limpio, salado y bridado, se pinta el pollo con aceite. Se pone en un recipiente sobre una rejilla para evitar que toque el fondo y se introduce en el horno caliente. Durante la cocción es necesario bañar el pollo con el jugo que va soltando. Para ello puede utilizarse una cuchara o una jeringa especial para asados.

También es conveniente vigilar que el recipiente tenga siempre líquido en el fondo, ya sea vino, caldo o agua para evitar que se queme el jugo que va soltando la carne, ya que será la salsa que luego acompañará al pollo.

Cuando el pollo esté próximo a finalizar su asado, es conveniente comprobar su punto de cocción  pinchando con un tenedor la carne; el lugar idóneo es la unión del muslo con cuerpo. Si sale un juego blanco está hecho, pero si por el contrario es rosado, habrá que alargar la cocción unos minutos más.

Por último, se deja reposar durante 10 minutos en el horno y listo para comer. ¡Buen provecho!